jueves, 11 de septiembre de 2025

La independencia de Vigo

Vigo es una ciudad fundada en 1810 a partir de la expulsión de las tropas napoleónicas en el proceso histórico de la Reconquista. La presencia francesa trajo ideas ilustradas, y esto influye en la historia posterior de nuestra ciudad en procesos posteriores. Forma parte del carácter vigués un fuerte progresismo, incluso obrerismo y socialismo en algunos casos, existiendo lo que se conocía como la pequeña Rusia en Teis, en el antiguo concello de Lavadores.
En la batalla de Ponte Sampaio, en 1822, las fuerzas viguesas gritaban "¡Viva la Constitución!", frente al absolutismo pontevedrés que pedía la vuelta de Fernando VII y el fin del Trienio Liberal.

Independencia, ¿Por qué?

Vigo lleva sometida doscientos años a designios ajenos, en muchos casos lesivos para nuestros intereses: una de las pocas excepciones es el establecimiento del Puerto y de la factoría de Citroën, hoy Stellantis, en el segundo Plan de Desarrollo de Laureano López Rodó. Otra excepción fue la creación de una de las tres Zonas Francas del Estado, estando las otras dos en Cartagena y Bilbao. Ni durante la Restauración, ni durante la República, ni con Franco, ni tan siquiera en democracia se permitió a Vigo desarrollarse como merece. Nuestro aeropuerto está reducido a un mero satélite de Madrid (por intereses coruñeses, compostelanos y de San Caetano); para conseguir el tren con Madrid, hubo de manifestarse una Liga de Defensores de Vigo en la década de los años 10 del siglo pasado, ya que padecíamos tiempos de viaje de entre 36 y 42 horas. La imposición de la variante de Cerdedo sobre la de Mondariz o la línea del Miño se debe únicamente a intereses teucrinos.

Por si fuera poco, padecemos cuarenta años de gobiernos autonómicos que propugnan el ostracismo y el atraso, contrarios al desarrollo y al progreso, y como en Vigo no se vota al partido que ostenta la Xunta, pues Vigo no recibe nada de ésta (la cual, por otra parte, debe ser la mayor de nuestras honras).

Y sobre todo, ¿Para qué?

Los vigueses queremos poder decidir: queremos poder tener una buena ratio de alumnos por aula y de profesores por alumno, así como de médicos por paciente. Vigo quiere una universidad independiente del SUG y libre de los designios compostelanos que impiden a nuestros estudiantes cursar sexto de Medicina en el Hospital Álvaro Cunqueiro. Vigo quiere un transporte digno, por tierra, mar y aire, y un sistema de cercanías y de autobuses urbanos y de proximidad decentes, acordes a su tamaño y a su población, así como a la recuperación del tranvía. Como hemos visto en publicaciones anteriores, Katowice, con trescientos mil habitantes censados, tiene extensas redes tranviarias y ferroviarias, así como una estación de tren con dos millones de pasajeros anuales. Aspiramos a un autogobierno como el de la GZM, que ya existe y que está desactivado (debido a la negativa del alcalde). Aspiramos a progresar y a prosperar, a tener pan, trabajo y techo en nuestra ciudad, y a que nuestro talento esté a nuestra disposición, en lugar de que nuestros jóvenes se vean abocados a emigrar: eso no es exportar marca España. Por todo esto no podemos hacer más que clamar por la libertad de la República Olívica.
La liberación de Vigo no se entiende sin la liberación de su comarca y de su área metropolitana, por supuesto. O Viso es Vigo; Priegue es Vigo, Chapela es Vigo, Parderrubias es Vigo y Cans es Vigo. Redondela tiene universidad y aeropuerto.

El clamor por la liberación de la República Olívica, dentro o fuera de la comunidad autónoma gallega y del Estado español, debe ser comarcal.

Como dijo aquel: «Viva Vigo, para siempre, me cago en tal».

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